lunes, 4 de abril de 2016

LAS SOMBRAS DEL FUEGO EN EL AGUA


Por: Félix Julio Alfonso López*

(Comentario a El fuego y la sombra, novela de Juan Valdano. Esta disertación fue leída el 15 de febrero de 2016 en la Feria del Libro de La Habana con ocasión de la presentación de la cuartad edición de la mencionada obra y publicada por la Editorial Arte y Literatura de Cuba)

El escritor ecuatoriano Juan Valdano (Cuenca, 1940) es un prolífico autor de relatos, ensayos y novelas. Su bibliografía comprende novelas tan notables como Mientras llega el día (1990), Anillos de serpiente (1998), El fuego y la sombra (2001), La memoria y los adioses (2006). Entre sus ensayos sobresalen La nación ecuatoriana como interrogante (1971), Humanismo de Albert Camus (1973), Panorama de las generaciones ecuatorianas (1976), La pluma y el cetro (1977), El cuento ecuatoriano (1979), Léxico y símbolo en Juan Montalvo (1981), Juan Montalvo: introducción, selección y comentario de textos (1981), Ecuador: cultura y generaciones (1985)  e Historia del Ecuador: Ensayos de interpretación (1985). Así mismo, fue coordinador editorial de la Historia de las Literaturas del Ecuador, primer y segundo volumen de la obra colectiva Literatura de la Colonia (1534-1594 / 1594-1700).
La novela El fuego y la sombra es un texto que puede ser considerado como una novela histórica, al menos en el sentido que este concepto ha alcanzado en las últimas décadas en América Latina con obras y autores tan destacados como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Roberto Bolaños o Fernando del Paso, por solo citar los más importantes. Me refiero, desde luego, a la definición de la nueva novela histórica Latinoamericana también denominada Novela Histórica Posmoderna o Novela Intrahistórica.

La narración que nos propone Valdano en su obra es, en principio, un homenaje a varios autores de la tradición clásica, empezando por el Homero de la Odisea, citado en uno de los epígrafes del libro y extensamente parafraseado a lo largo de la novela; pero también hay muchas citas intertextuales que remiten al Quijote, a Stendhal, a Umberto Eco y a autores latinoamericanos como el Carpentier de Los pasos perdidos, el Asturias de El señor presidente o al Vargas Llosa de El hablador.
La novela comienza, al igual que El nombre de la rosa, con el hallazgo en el convento  quiteño de San Francisco, de un manuscrito escondido tras un altar, enterrado en una caja de plomo. Estos papeles no eran otros que el diario perdido de Juan de Dios Moro, un escritor ecuatoriano de fines del siglo XIX, de ideas liberales y amigo del caudillo progresista Eloy Alfaro, considerado por un conjetural descendiente, su nieto Arístides Moro Leiva. Juan de Dios Moro vendría a ser uno de esos “héroes anónimos de la famosa Campaña Restauradora de 1883 y a quien los historiadores de nuestra literatura habían ignorado, seguramente por un total desconocimiento de su nombre y de su obra”. (1)

El apócrifo “Diario” de Juan de Dios Moro es entonces el cuerpo de la novela que transcurre entre el 30 de abril y el 5 de junio de 1883, mientras su autor y protagonista recorre las aguas del río Cayapas a bordo del lanchón La Colorada, en busca de un cargamento de armas, situado en el puerto de Esmeraldas, destinadas a apoyar a las huestes de Alfaro. El escenario geográfico de este viaje clandestino es la zona norte del Ecuador, una región agreste y selvática, de clima cálido y húmedo, donde se cultiva café, cacao y tabaco, hay tala de árboles y pesca, con una población mayoritaria de origen africano y presencia de etnias aborígenes como Niguas, Lachis, Campaces, Tzáchilas y los propios Cayapas que dan nombre al río.

Aunque las fechas del diario están en orden consecutivo  y la narración de la novela no pretende realizar experimentos con el espacio/tiempo, los acontecimientos del pasado y el presente tal como los rememora Juan de Dios Moro están entrelazados en cada uno de los capítulos, y en este discurso discontinuo vamos descubriendo los azares de su biografía. Hijo de padre desconocido, un antiguo militar en los primeros tiempos de la República y huérfano a temprana edad, su precoz afición a las letras lo llevó a profesar ideas liberales  y frecuentar logias masónicas, en franco desacato a las rígidas costumbres impuestas  en el Ecuador de entonces por el dictador Gabriel García Moreno, uno de los personajes históricos de la novela, junto a Eloy Alfaro e Ignacio de Veintemilla.

Alfaro, viejo luchador contra gobiernos despóticos de Gabriel García Moreno (1861-1865 y 1869-1975) y sus testaferros Jerónimo Carrión (1865-1867) y Javier Espinosa (1867-1869) es aquí apenas una referencia patriótica, un personaje distante y lejano, que apenas tiene desarrollo dramático, solo como corresponsal de Moro. Su retrato, en la pluma del viajero, es el de los próceres liberales y representante de una protoburguesía nacional:

“Mi correspondencia con Alfaro se fue haciendo, con los años, nutrida, puntual, enriquecedora. Luego de una invitación que él me hiciera para que vaya a verlo en Panamá viajé con mis medios desde Tumaco hasta el istmo y allí pude conocerlo personalmente. Era un hombre próspero con muchos negocios entre manos: comercio, agricultura, minería. Hay un temple de líder en su mirada y cierta  calidez en las palabras. Desprendido y generoso, un apasionado por sus ideales  políticos, está convencido de que él será, algún día, quien abra las puertas de este enclaustrado país al mundo moderno”. (2)

Ignacio de Veintemilla (Presidente de 1878 a 1883), un antiguo opositor de García Moreno, aparece aquí bajo el nombre de Ignacio de la Cuchilla, alias “El Mudo”  y es contra su arbitrario régimen que Alfaro prepara una nueva insurrección en el momento que transcurre la novela. En ausencia de este extraño tirano, que solía irse de borracheras y putas, quien manda en su palacio es una resuelta mujer llamada Marietta, bella y valerosa dama que debe enfrentarse a los opositores “exponiendo su vida por defender el mal gobierno de su tío”. (3)

El trazado sicológico de este personaje, Marietta, nos lo presenta el novelista como una mujer culta y delicada, amante de los salones, al punto que
“…sus enemigos reconocen en ella a una mujer sin par, de hermosa figura, inteligencia despierta, carácter definido y una  voluntad pronta y decidida. Los hombres la imaginamos tierna y ardorosa en las batallas del amor. Las mujeres la envidian por su independencia en el actuar, por su lucidez en el hablar”. (4)
El escritor y protagonista  la compara con Manuelita Sáenz, “hembra y consejera” del Libertador Simón Bolívar y esta evocación sirve para un extenso monólogo sobre la condición sumisa y servil de las mujeres en la sociedad “destinadas a rendir el yugo al hombre que les fue escogido por inextricable decisión paterna”, y si no condenadas  a una “vida solitaria de estéril soltería”.

Otras reflexiones sobre el lugar social de las mujeres parecen adelantadas a su época. Moro comenta:
En esta sociedad es lamentable ver que nuestras mujeres, a poco tiempo de casadas, vegetan en una vida opaca de amas de casa, para luego engordar, abandonadas a la inercia. Su misión se resume en parir, criar los hijos y comandar el rebaño de una nutrida servidumbre que pulula en el hogar (…), en pocas palabras: paridora puntual, abnegadísima madre, sirvienta infatigable y… esposa traicionada”. (5)

Sin embargo, el personaje histórico que mayor relieve alcanza dentro de la trama novelesca es Gabriel García Moreno, pues además de autócrata es el tío del primer gran amor de Moro y a la postre su esposa, la sufrida Magdalena del Alcázar. El protagonista describe a García Moreno, cuya tiranía aborrecía doblemente, por su patria y por su amada, como
alto, esbelto y prematuramente calvo. Tenía una voz grave con  resonancias cavernosas y una mirada fía. Vestía de negro impecable, y de su brazo derecho colgaba el bastón”. (6)

En el plano moral lo señala como
hombre vehemente, de acción febril y temeraria (…) hombre capaz de todas las maquinaciones y de todos los  excesos y a quien jamás le tembló la mano cuando hubo, en inúmeras ocasiones, de firmar la sentencia de muerte de algún sedicioso, insurgente contumaz o desfalcador del  erario, pues su divisa siempre fue: <<a quien el oro lo corrompe que el plomo lo reprima>>”. (7)

La prolongada dictadura de García Moreno, en pleno siglo XIX, trató de convertir al Ecuador en un estado teocrático, donde junto a la feroz represión de las ideas liberales y la ausencia de derechos civiles, la Iglesia detentaba inmensos poderes en lo económico, lo jurídico y lo social. Con García Moreno  se llegó incluso al extremo de conceder  la nacionalidad ecuatoriana solo a aquellos que profesaban el catolicismo. Esta asfixiante situación social es descrita por el novelista cuando, por boca de su personaje, dice:
La alegría había sido expulsada por el dictador, no solo de su casa sino del país entero. La risa, el juego y la broma eran mal vistos, a no ser en el Día de los Inocentes. Estaba decretado que todo ciudadano debía ser católico, apostólico y romano. La severidad, la parquedad y la melancolía debían ser virtudes de todo buen cristiano, y por tanto, de todo buen  ciudadano. Este era el país de los hombres tristes”. (8)

En un guiño al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias y a la saga de novelas sobre dictadores escritas en América Latina, el narrador casi siempre se refiere a García Moreno, uno más  de esa larga lista de tiranos, como El señor presidente.
Otro personaje histórico que alcanza relieve en las páginas de la novela es el escritor Juan Montalvo (1832-1889), amigo de Eloy Alfaro, tenaz opositor de los regímenes de García Moreno y Veintemilla y cuyo folleto La dictadura perpetua inspiró a un grupo de jóvenes liberales para asesinar a García Moreno en 1875. Gran ensayista y hombre de notable erudición en lenguas clásicas, el trato dado a Montalvo en estas páginas aparece marcado por la ambigüedad, pues se le llama “buen escritor aunque no siempre gentil compañero”, (9) incluso cuando es él quien con sus libros, folletos y cartas, enviados de manera clandestina a las logias masónicas, ha inflamado el espíritu libertario de los jóvenes ecuatorianos.  

En otro pasaje de la novela, Moro reflexiona sobre su propia condición como escritor, no sujeto a mandatos serviles ni beneficios pecuniarios, y la compara a la postura acomodaticia de Montalvo. Moro dice de sí mismo:
Escritor, hombre que me entiendo con la pluma, el libro y las ideas, he sido siempre y, a la hora de buscarme el pan, en lo único que confío es en mi propia capacidad y talento. Yo no espero mecenazgos para vivir y hacer lo mío, no golpeo las puertas de los pudientes, amigos o desconocidos para que me mantengan, como en cambio, si lo hacía con tamaño descaro nuestro compatriota, el señor Juan Montalvo”. (10)

La diatriba contra Montalvo continúa diciendo:
Al autor de El Cosmopolita alguien le reprochó que jamás había conocido la virtud del trabajo (lo cual me parce injusto porque escribir es labor extenuante) y que siempre fue un <<hábil escudriñador del bolsillo ajeno>> (calidad que me consta, la cultiva en grado sumo)”. (11)  

Pero El fuego y la sombra, esta novela de Juan Valdano, es sobre todo un libro de aprendizajes y experiencias vitales en el fluir del tiempo, metaforizado aquí en el río Cayapas, y en las múltiples aventuras, lances de amor y peripecias que debe sortear Juan de Dios Moro, el protagonista, para llegar a su destino en el puerto de Esmeraldas. Aquí el juego de espejos con La Odisea es evidente en más de una ocasión, como el episodio en que Moro es seducido por las tentaciones carnales de una negra llamada Flora, de voluptuosas y engañosas caricias, a cuyo frenesí erótico no tarda en ceder, para descubrir luego que sus compañeros de viaje han sido hechizados y convertidos en perros. O en el viaje al interior de la selva con un joven  poeta, en busca de su novia secuestrada por un gigante etíope y tuerto, llamado Policarpo, quien siente una extraía fascinación por los regalos exóticos. Para cerrar este retozo intertextual, en otro pasaje el narrador refiere a unos crédulos ribereños los detalles de sus  episodios por el río y sus desdichados naufragios, diciendo:
Preferí  narrarles la fabulosa  historia de Odiseo y, en vez de poner la acción en el mítico Egeo, les conté como si todo aquello hubiera sucedido en el mismísimo Cayapas. Y cual un mago de ferias trasmuté la realidad –aquella que tiene su dimensión y su peso muy tangibles- por palabras resonantes y jugosas, de tal forma que quedaron ilusionados y contentos, convencidos de  que la historia escuchada había sido verdad, toda ella, y había acaecido tal y como les narré”. (12)

 Pero Moro sabe que la literatura es capaz de crear ilusiones muy poderosas, y lo que ha hecho con sus oyentes no es más que un “hábil escamoteo, la farsa de un cuentero”, y para evitar ser descubierto se escabulle ágilmente.

Este “Diario de Juan de Dios Moro” es también una obra de reflexión sobre la condición humana y la existencia del hombre en el universo. Absorto en la contemplación de la misteriosa selva ecuatorial, con su colosal diversidad vegetal y zoológica, siente ganas de plasmar en música la lujuria de la naturaleza salvaje:
“…una música que, en vez de alejarme de las diarias tribulaciones, me sacudiera y enfrentara a los graves enigmas de la existencia del hombre, este ser que piensa y lucha por ser feliz, este Sísifo que pareciera estar condenado, de por vida y para todos los tiempos, a añorar alguna dicha  que, sin saberlo, extravió en el camino” (13).

 En otro pasaje de resonancias filosóficas existencialistas, dice:           
Igual que un animal herido y alcanzado por la flecha de un cazador anónimo, el hombre corre en busca de un ideal acosado siempre por su destino”. (14)
En otras muchas páginas es el Amor el que guía las cavilaciones de Moro. Amador sin reposo, Juan de Dios Moro conoce el afecto y la pasión de su joven esposa, Magdalena, que sucumbe pronto a la monotonía del matrimonio y a la tristeza de un hijo perdido. Luego cae rendido ante la seducción de Thalía, nombre alegórico de la musa de la comedia, una mujer ardiente, liberal y desprejuiciada que lo espera en el otro extremo del viaje.  En medio del camino fluvial practica la lujuria y el desenfreno erótico entre las piernas de la negra Flora y conoce también el amor sublime y romántico de Eva Jonnes, una joven inglesa que en realidad es un espectro, una visión fantasmagórica, la metáfora de un amor imposible. Al placer de cada búsqueda amorosa sucede la extraña sensación de vacío que deja cada pérdida. Así, el viajero y protagonista afirma en palabras de inconfundible sabor nerudiano:
Tal parece que las historias de amor siempre se repiten, siempre son iguales: un instante solo es la ventura y toda una eternidad es, en cambio, el olvido”. (15)

Entre tantas conquistas sensuales, hay una que no logra consumar con una mujer aborigen, en medio de una orgía a orillas del río. Juan de Dios Moro se resiste a la unión sexual con la india a quien describe como “una de aquellas  sacerdotisas del amor salvaje que busca colmar su insatisfecho apetito”. (16) Aquí hay, en primera instancia, un prurito discriminador hacia la joven que se le ofrece, desconocida y llena de olores extraños. Su virilidad no logra excitarse con la muchacha desnuda que le agarra el sexo con violencia y ríe desconcertada ante el rechazo. Moro apunta que “copular con aquella pobre salvaje, me dije, hubiese sido simplemente un acto de irrespeto a la naturaleza, un acto más de violencia en contra de ella” (17), aunque, a reglón seguido, se pregunta si este pensamiento no sería…
un diletantismo que enmascara ciertas incapacidades mías  para descender a otra clase de relaciones entre los seres humanos, ciertos prejuicios arraigados  que me atan al mástil de la tradición. El ser humano, civilizado o salvaje, vestido o desnudo, es, en el fondo, el mismo”. (18)

Positivista de formación, Juan de Dios Moro enfrenta el dilema de las teorías racistas que predican la inferioridad de ciertos pueblos y etnias, y que en la América Latina del siglo XIX encontró su mayor exponente en la obra del escritor y político argentino Domingo Faustino Sarmiento  y su consabida fórmula de la civilización europea enfrentada a la barbarie americana.  Invirtiendo los términos de aquel falaz argumento, Moro discute la primacía moral de la ciudad sobre el campo cuando exclama:
me ha tocado ver que los hombres más sinceramente piadosos están en la selva y, en cambio, los más salvajes e inhumanos los he conocido, casi siempre, en la ciudad. La verdadera cultura ha salido del seno de la naturaleza y del respeto a ella; en tanto que el destino de las civilizaciones urbanas será la creciente deshumanización”. (19)

Al final del proyecto y recuperadas las armas que debían garantizar el éxito militar del general Eloy Alfaro, Juan de Dios Moro debe enfrentar un último conflicto. Separado de su Penélope, en este caso Magdalena, lo espera el amor absorbente y la pasión inextinguible de Tahlía. Pero Juan de Dios, escritor y aventurero, duda de que este amor sea definitivo, que no sucumba nuevamente al tedio, a la rutina y el hábito que conducen al abismo de la desdicha conyugal. “¿Es la jaula o el vuelo el amor?”, se pregunta atormentado, con la incertidumbre de no tener la respuesta. Thalía le ofrece no solamente la pasión y el atrevimiento, también le promete seguridad económica y la fama venidera de ver un no lejano día publicados sus escritos en Europa a donde le invita a fugarse.
Pero Juan de Dios no cree en la posibilidad de que ese amor clandestino, una vez adormecido por la fortuna y el éxito, sea venturoso. Prefiere eludir las cómodas certezas y perseguir eternamente una existencia entre lo épico y lo azaroso del peligro. Es una criatura romántica y rebelde, exaltada y visionaria, apasionada e insatisfecha. En última instancia, el verdadero sentido de la vida para este Ulises criollo llamado Juan de Dios Moro es precisamente lo que en su diario lo consignó el 30 de mayo de 1883:
Enlazar mi vida a una gran pasión –y en ello soy plenamente un hombre de mi siglo- ha sido siempre, para mí, la epifanía suprema. Amar a una mujer y admirar la belleza en toda mujer bella; mantener insatisfecha la sed del conocimiento y en todo conocimiento ampliar la capacidad de admirarse; ceder al impulso de una gran aventura y en cada aventura desafiar al destino; aceptar la humana existencia como perpetua lucha y en cada batalla saber que son más las derrotas que las victorias; aborrecer la tiranía por sobre todas las cosas y en cada tirano combatir el despotismo; y si de jugarnos la vida se trata, que sea por algo grande como Dios, el honor, la libertad o la patria”. (20)
           
                                                                       La Habana, febrero de 2016

NOTAS:
(1)      Juan Valdano, El fuego y la sombra, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2012, p. 10.
(2)     Ídem, p. 186.
(3)     Ídem. P. 30.
(4)     Ídem, p. 47.
(5)     Ídem, p.47.
(6)     Ídem, p. 75.
(7)     Ídem, pp. 77-78.
(8)     Ídem, p.   73.¨
(9)     Ídem, p. 41.
(10)  Ídem, p. 185.
(11)  Ídem, p. 185.
(12) Ídem, p. 151.
(13)  Ídem, pp. 54-55.
(14)  Ídem, pp. 147-148.
(15)  Ídem, p. 107.
(16)  Ídem, p. 117.
(17)  Ídem, p. 118.
(18)  Ídem, p. 118.
(19)  Ídem, p. 118.
(20)  Ídem, p. 201.


Félix Julio Alfonso López. Ensayista, historiador y profesor universitario cubano. Panelista del programa televisivo Escriba y Lea. Pertenece a la Asociación de Escritores (UNEAC). Autor de varios libros. Director de la Revista Cubana de Pensamiento e Historia, Caliban. Santaclareño nacido en el 1972. Doctor en Ciencias Históricas, Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, el Caribe y Cuba, Licenciado en Historia y Diplomado en Antropología Social. Es miembro de varias asociaciones profesionales y culturales cubanas, entre ellas la Asociación de Historiadores de América Latina y el Caribe (ADHILAC) y la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC). Desde 2001 se desempeña como panelista invitado al programa cultural de televisión Escriba y Lea. Ensayos y artículos suyos han sido publicados en revistas, antologías y páginas digitales de Cuba, México, Puerto Rico, Italia, Venezuela, España y en el País Vasco.

miércoles, 29 de octubre de 2014

UNA NOVELA POLICIAL DE JUAN VALDANO

                 Novedades y audacias de Anillos de serpiente

                                      Jorge Dávila Vázquez

La novela policíaca

En el Ecuador no existe una tradición de narración policíaca, aunque en algunos textos, como en Un hombre muerto a puntapiés de Pablo Palacio o en Sueño de lobos de Abdón Ubidia se desarrolle, de algún modo, una encuesta policial o una trama de suspenso y acción, respectivamente. El caso concreto más reciente de una novela policial pensada y escrita como tal, antes de la de Valdano, es la de La reina Mora de Santiago Páez. ¿Por qué la ausencia del género en nuestras letras? Quizás porque la sociedad siente a las fuerzas del orden como una de sus mayores debilidades y la ficción no lograría sustentarse en el referente de un mundo en que campea, casi siempre, la impunidad, no por la falta de voluntad de quienes llevan las investigaciones, sino por las carencias de medios de los investigadores, y quién sabe si, en muchos casos, por la falta de conocimientos y preparación también.

La novela de Valdano

Lo policial
Anillos de serpiente es, sin duda, una novela policíaca: la muerte aparentemente natural del caudillo político del pequeño pueblo de Todosantos, Fico Farah, desata una ola de recelos, que desemboca en una encuesta ordenada por el mismísimo ministro de gobierno sobre su posible asesinato, como fruto de una conspiración política. Los avatares de la investigación los llevarán sobre sus hombros dos personajes sumamente pintorescos: el licenciado Heráclito Cardona, un burócrata que viene de la capital, y el comisario del lugar; Tiberio Sangurima, especie de versiones criollas de Holmes (incluso el protagonista dice que, para su mujer, él es un Sherlock Holmes) y Watson.

Los pasos que se siguen en el desarrollo del acontecer, las entrevistas con los personajes claves tales como Mary Morán, la viuda; Bruno Favri, el oponente político de Farah, médico de inclinaciones socialistas; la misteriosa viuda Corina, encarnación de la decadencia y la sex appeal de otra época; las intrigas secundarias, las pistas, las amenazas, los enfrentamientos, la violencia que llega a lo brutal, a lo mercenario; la persecución final de los culpables, todo forma parte de una trama policíaca.

Otras características que permitirían incluir el libro dentro del subgénero que nos ocupa son el modo sistemático, ordenado como Heráclito va develando lo que él piensa que es verdad, ante el asombro de Tiberio, que pasa lentamente de la indiferencia y el escepticismo a la admiración; la típica caracterización de los involucrados, con rasgos casi expresionistas: las femmes fatales: Mary con su toque de viuda alegre, Corina con su si-es­-no-es de madame jubilada de algún inverosímil burdel; María, con su aire ambiguo, entre la inocencia y la revancha, Rosana con su carga de misterio y de dudas; los villanos: el manipulador coronel Colbert, el arrogante Tigre, el corrupto Farah; el insignificante Ornar el Bizco.

El investigador, cuya pintura está, a no dudar, inspirada en los personajes del tipo que nos ha dado la pantalla, en especial aquel con un corte a lo Humprey Bogart, un poco cínico, frío, con un leve matiz donjuanesco, un acentuado gusto por el alcohol y el cigarrillo, y hasta un rasgo externo clásico como el sombrero Borsalino, ligeramente ladeado.

Por tanto, bien podríamos concluir que se trata de un ejemplo de lo más cabal del relato policíaco entre nosotros. Bien logrado, cuidadosamente estructurado, de estupenda factura, tanto en lo que tiene que ver con la peripecia, como con los personajes y los ambientes, cuya pintura es de excelente calidad, piénsese sino en la evocación de la atmósfera de la casa de Fico Farah, en el parquecito de Todosantos, en el "Gato Negro" o el "Exclusive Club". Un libro de intriga, agradable y hasta fácil de leer, entretenido, escrito en lenguaje vivo, dinámico, un poco irrespetuoso, como suele ser el que se usa en el género policial.

Lo político y lo social

Pero una lectura que se quedara en los atractivos de la obra como un ejemplo de novela policíaca, omitiría tal vez lo medular de este libro, su profunda connotación político-social.

Es tal el impacto que ha sufrido Valdano por la corrupción política que ha atravesado el país en la última década (la de 1990), que nadie que se acerque al texto con la necesaria perspicacia puede pasar por alto las referencias inmediatas, aunque el autor haya querido alejarse al modo de Brecht de lo próximo, ubicando el desarrollo del relato en 1961, durante la cuarta presidencia de Velasco Ibarra.

Cierto que muchas acciones externas a la ficción corresponden a ese momento histórico, pero las referencias inmediatas son innegables; por ejemplo, Fico Farah es claramente reconocible en el último de nuestros caudillos populares, pues su caracterización física, la voz, los rasgos, la preparación intelectual, los discursos, su propensión a la corrupción, por supuesto hiperbolizada en el nivel ficticio, se corresponden con una imagen de todos conocida. Y lo mismo podemos decir de El Tigre que revela las características de otro personaje muy conocido de nuestra política, solo cambiando la especie animal usada como metáfora, muy levemente.

La manipulación de la realidad, la falta de escrúpulos, el abuso del poder revelado en Colbert, quien aparentemente es el rico propietario de una empresa de fachada muy correcta, pero por cuya puerta trasera sale el contrabando a las "bahías"; la protección, el encubrimiento del Estado a más de un ilícito; los intereses oscuros; la politiquería y la burocracia; la situación de miseria de la gente, pintada en múltiples momentos del libro, la insistencia en la soledad de los ancianos, en su desamparo, que busca simples o extrañas evasiones, la fuerza de la reacción popular ante la mala  y corrupta administración pública, todo resulta turbadoramente cercano y conocido, e inscribe al libro entre los más beligerantemente sociales de nuestra literatura.

En contraste con los aspectos negativos de lo político-social, hay que destacar que se eleva la figura de apóstol laico de Favri, un hombre honesto que solo aspira a aliviar el dolor, ya sea físico, ya social, de su pueblo. Y también la conmovedora caracterización de Heráclito, que luego de una carrera de trepador, como la de innumerables burócratas, llega a enfrentarse consigo mismo y decide cambiar el rumbo de su vida. Aunque nunca vemos a Diego, el hijo, su constante evocación, su encuentro en el joven estudiante que muere -en los brazos de Cardona- durante las manifestaciones, constituyen uno de los resortes de cambio fundamentales en el desarrollo literario de la personalidad de su padre, el protagonista.

Lo literario

Pero tampoco podemos quedarnos en estos importantísimos aspectos del libro, aunque constituyen lo medular de su desarrollo, pues Anillos de serpiente es, por sobe todas las cosas, una obra literaria, un texto que revela un minucioso trabajo de Valdano en diversos planos de la palabra y el imaginario narrativo, por ejemplo:

El uso de una lengua apropiada para cada estrato social de los personajes, todas ellas construidas con una versatilidad y una frescura muy interesantes. Cuando se trata del protagonista, no se ahorran discretos niveles líricos.

La caracterización de los personajes, la mayoría de los cuales está estupendamente pintado, con un sentido de autonomía, de vida propia y hondura psicológica y humana, que resultan sus mayores aciertos. A veces, como en el caso de Jonás, el estrato mítico hace su irrupción en el texto con fuerza.

La ambientación, que está llena de rasgos realistas, pero también intensamente poéticos; recuérdese, por ejemplo, cuando al hablar de los árboles del parque del pueblo dice que son "bulliciosas catedrales de cotorras", o el modo ejemplar como crea la atmósfera decadente, fantasmal de "El gato Negro".

La estupenda y dinámica narración de los hechos en todo el libro, en especial en la secuencia nocturna que ocurre en “El Gato Negro" que resulta el momento culminante del acontecer, como una suerte de metáfora de la evocación de los muertos, que traían los
La estructura que, en apariencia, es lineal, convencional, pero que está salpicada de flash backs, de vueltas hacia el pasado, concebidas con un dinamismo, una agilidad y una aparente espontaneidad, en los que cabe reparar cuidadosamente.

El uso simbólico que da título a la obra: Milla, el representante del poder corrupto, se sienta (o se asienta) en un sillón con patas de serpiente; el protagonista sueña que una serpiente oprime a un niño indefenso (¿los inocentes?, ¿los pobres?, ¿los jóvenes?, ¿la patria?); en el parque del pueblo, como en el jardín del Edén, se enrosca una serpiente; Corina dice a Heráclito que está metiendo las manos en un nido de víboras, y ella lleva un colgante con una serpiente; el "Exclusive Club" es definido como "el santuario de la gran víbora"; la escritura de la crónica de la encuesta sobre Farah es para el narrador-protagonista una liberación de su vieja pesadilla de la serpiente.

Por último, el libro resulta, hacia el final, un conmovedor homenaje de un escritor a otro, de Juan Valdano a Pedro Jorge Vera, el eterno combatiente, mencionado más de una vez en el texto, y que en el epílogo resulta el elemento redentor del burócrata que logra salir del círculo vicioso de su trabajo inútil y propenso a la corrupción.

Hay en esta atractiva y singular novela de Juan Valdano, como en toda producción literaria de trascendencia, una múltiple posibilidad de otras lecturas; pero las que hemos insinuado en estas páginas, pueden ser caminos para llegar a uno de los libros más interesantes, ricos y sugerentes de la narrativa ecuatoriana de hoy.
1998.

* Prólogo a Anillos de serpiente; edición de Libresa. Quito, 2003.


JUAN VALDANO Y SU NOVELA HISTÓRICA "MIENTRAS LLEGA EL DÍA" (1990) *

´                                                       María Isabel Hayek
                                                       Colegio Alemán, Quito

Juan Valdano ha retratado (en Mientras llega el día) la vida en la Audiencia de Quito, a finales del siglo XVIII y principios del XIX. A lo largo de toda la obra, el escenario fundamental en el que tiene lugar la acción es la ciudad de Quito en toda su magnitud. Todos los movimientos de los personajes ocurren en un ambiente que recrea la vida cotidiana del Quito colonial, de la que el autor no ha olvidado  ningún detalle. Calles y barrios –San Roque, San Marcos-; conventos e iglesias –San Francisco, La Compañía-; las principales plazas –la plaza grande, San Francisco-; la biblioteca municipal y la universidad de San Gregorio; el Cuartel Real de Lima; las fonda; los talleres; las viviendas de mestizos, criollos y nobles españoles; las quebradas y los alrededores o afueras –Guápulo, el Pichincha y el valle de los Chillos, por ejemplo- albergan y esconden a Pedro Matías Ampudia y a los rebeldes que los acompañan mientras los soldados y las autoridades españolas los persiguen. 

Así mismo, el tiempo de las acciones está concebido e tal modo que el presente de la acción –el 2 de agosto de 1810 y los pocos días precedentes- alterne con el pasado que dio origen a la insurrección, que retoma el famoso “primer grito” del 10 de agosto de 1809 y toda la etapa colonial en la Real Audiencia de Quito. En rigor se produce una constante alternancia entre tres tiempos diferentes si se considera la perspectiva histórica del novelista y los lectores contemporáneos, herederos de esa Historia, latente en todos los ámbitos de la organización social, de la vida cultural,  en la arquitectura y en el trazado urbano del Quito colonial.

La lógica de la relación espacio-tiempo que se impone en Mientras llega el día  es la de la insurgencia, la de un corte en la historia, la de la necesidad de ruptura y transformación. De acuerdo con la teoría del cronotopo de Bajtín, la relación entre tiempo y espacio no solo es indisoluble sino que tiene sentido en la medida en que organiza los principales hechos argumentales. Todo apunta a la ruptura del orden, a la protesta; es decir, se narra la organización clandestina de una rebelión y la correspondiente resistencia por parte de quienes se oponen a ella de ahí que, de principio a fin, los personajes permanecen divididos en dos frentes; los que huyen y se esconden porque pretender subvertir el orden imperante y los que persiguen y encarcelan para mantener el estado de cosas y reprimir la rebeldía. Los que actúan movidos por el bien común a pesar de sus complejos e inseguridades frente a los que sucumben ante la mezquindad y el arribismo. La meta es la asunción de una identidad múltiple al amparo de la justicia.    

Libertad frente a injusticia y opresión, pero libertad con identidad, podrían ser los términos que ilustren el principal enunciado de la novela. L título de la novela lo resume todo: Mientras llega el día. En él Valdano ha conjugado muy bien la tensión del momento, es decir, la coyuntura correspondiente a la rebelión popular que se prepara y que dota del sentido de inminencia a la historia relatada y, al mismo tiempo, la recuperación de la que vendría a ser la otra cara de la realidad histórica, es decir, el proceso, la historia precedente que acarrea un conjunto de situaciones y hechos sociales y políticos que explican la insurrección popular
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Según el historiador Hyden White (1), tanto la historia como la literatura deben ser escritas y leídas como elaboraciones discursivas en las que aparecen recurrentemente cuatro tropos: la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y la ironía. En este contexto, cabe mencionar la simbología que adquieren en Mientras llega el día tanto la piedra como la fachada de La Compañía, que se convierten en metáfora y sinécdoque, respectivamente, y que reflejan una de las ideas de Valdano: la de la perdurabilidad y la maleabilidad de un material genuino, pesado y duro  como la piedra, que sostiene la ciudad y la adorna; piedra convertida  en sinuosas columnas que en la fachada del templo de los jesuitas encubre y revela la expresión más palpable de la Historia de la población quiteña: su mestizaje. Y en relación con ese fenómeno social, cultural e histórico se puede leer también el título de la novela desde el momento actual: mientras llegue el día en que en el Ecuador asuma su identidad mestiza. Este es, desde mi punto de vista, el eje semántico alrededor del cual Valdano ha retomado el episodio del 2 de agosto de 1810.

El autor ha creado la figura de Pedro Matías Ampudia para encarnar en él el drama histórico social que supusieron las gestas libertarias y, en ese sentido, este protagonista persigue el ideal de libertad que animó a los próceres a luchar contra España para conseguir la independencia y luego construir sus Estados nacionales. La preocupación por lo nacional que anima tanto al personaje principal de Mientras llega el día como al autor, no es sola la de la emancipación política, sino la de la cohesión social en torno a la figura del mestizo. Y este último rasgo es el que da a la obra de Valdano un tinte realista: por el énfasis puesto en la problemática social y no solo en el ideal del protagonista. Como dice Jean Franco, el realismo evidencia “todas las tentativas de pintar el mundo y la sociedad exteriores con verosimilitud”. (2) Mientras llega el día comparte rasgos románticos y realistas. Pedro Matías Ampudia no representa únicamente al héroe de la novela que lucha por un ideal libertario, sino que adquiere tintes realistas porque guarda la eterna pugna de sus ancestros en su interior; se ha formado bajo los principios de la Ilustración y establece relaciones con criollos, indios, curas y mestizos, lo que lo ubica en el centro del conflicto sociocultural que subyace en la lucha contra las autoridades de la Real Audiencia. De este modo Valdano incorpora su tesis de que el problema histórico esencial para este país radica, aún hoy, en la asunción de la propia identidad. Esto responde a la

voluntad de establecer un puente constante entre la actualidad entre la que los textos se escriben y el pasado al que evocan… Intención testimonial que debe reflejar una conciencia aguda de la temporalidad y de su transcurso, una comprensión no solo de la época que se describe sino como influye ese período en el presente en el que están situados el autor y el lector. (3)

        La insistencia en el tema de la identidad a través de las palabras de Espejo y de los conflictos concienciales de Ampudia y de los otros personajes, refleja esta preocupación del novelista que atraviesa buena parte de su producción ensayística y ficcional. Además, con el afán de no ofrecer una visión simplista y reductora de este momento histórico, y de no ceñirse únicamente a los acontecimientos de orden político, Valdano penetra en la cotidianidad de los quiteños: hay lugar para el amor, para las reflexiones sobre la identidad y el mestizaje; para referir las prácticas  de una alcahueta que a su vez hace de curandera; para destapar las inmoralidades de ciertos curas, entre otros muchos eventos. Como se ve, la novela se abre al ámbito de lo local y cotidiano, al terreno de las costumbres y tradiciones; no descuida tampoco la problemática social y cultural; es, en este sentido, una clara fusión romántico-realista.

        El acercamiento al lado humano de los personajes históricos y de la población quiteña de entonces, a través de lo anecdótico y de la invención de episodios llenos de intriga en los que afloran las envidias, los resentimientos, las traiciones y las pasiones, muestran hábilmente, desde el ámbito de la novela, la corrupción, el abuso de autoridad, la inoperancia y decadencia del entonces Presidente de la Audiencia, reconocidas por la Historia oficial, y muestran también, con un espíritu fiel al romanticismo decimonónioco, el afán libertario que reinaba en el mundo a raíz de la Revolución Francesa y que caló en las conciencias de los  quiteños a través de las lecturas de los viajes de los criollos y mestizos ilustrados.

        Mientras el narrador traduce lo que piensan y sienten Ampudia y los demás personajes, inserta en su discurso la voz de varios sectores sociales, figuras e instituciones importantes (las autoridades civiles y militares de la Real Audiencia, la ciencia, la Iglesia, el arte, los indios, los mestizos) y así ofrece un panorama sociocultural y político de la época. Por otra parte, la presencia de extensos monólogos en los que algunos personajes, incluido el principal, reflexionan y se confrontan con su rol social y cultural, busca ampliar el discurso y hacerlo polifónico…

        El drama social que involucra a jefes militares, soldados, mestizos, indios, prostitutas, criollos, autoridades españolas, artistas, masones y pensadores como Espejo, parecería condensarse en la conciencia heroica de Ampudia, quien pugna por saber quién es y por asumir su mestizaje, anque para ello tenga que ofrendar su vida. Es el héroe idealista por antonomasia…

        El fenómeno de la bifocalidad señalado por Bajtin, presente en varias intervenciones de los personajes y del narrador omnisciente, refuerza la concepción de Valdano de que los vicios y las tinieblas que han envuelto “secularmente” a los quiteños –léase ecuatorianos- podrían superarse solo cuando se erradique la prisión de la indignidad. En algún momento también Pedro Matías había dicho  que era necesario expulsar  la Colonia de las propias almas. Esto contradice, en alguna medida, la imagen de rebeldía y de descontento popular que se ha transmitido a lo largo de la  novela, y que se resuelve demasiado fácilmente con la  argumentación final de Judiht y del autor: “Yo píenso como él: hay que exorcizar los demonios  que surgen de las sombras del pasado. La historia verdadera de estas tierras y su gente aún no ha sido escrita. Es necesario que alguien la escriba para archivarla definitivamente y liberarnos de ella”. Estas palabras , doblemente metafóricas, hablan de la escritura de la verdadera historia como una práctica, una lucha que lleve a un corte definitivo y a un cambio radical capaz de instaurar un nuevo orden social, exorcizando y venciendo  la iniquidad y la sumisión; y, por otro lado, aluden a una trampa insalvable de la Historia y de su escritura, y es que aquello que pretende ser un acontecimiento  revolucionario, un salto ruptural que sepulte “el pasado”, es, a su vez, inevitable registro y memoria para la posteridad. Los lectores contemporáneos sabemos, además, que la luz que anunciaba el fin de la larga noche no fue lo suficientemente poderosa para sepultar definitivamente las sombras del pasado colonial en el proceso de constitución de la conciencia nacional, entendida ésta como la articulación de un conjunto de valores que giran alrededor del sentimiento patriótico, la unidad nacional, la identidad, desde una  perspectiva ideológica de corte liberal.

        Por las características que distinguen a Mientras llega el día, se puede ver que Valdano ha seguido los rasgos distintivos de la novela histórica que plantea George Lukács y que se resumen fundamentalmente en los siguientes: no moldear como personajes de ficción a los protagonistas reales de los sucesos políticos, ya que éstos deben aparecer como decorados de fondo y pasar subrepticiamente sin monopolizar la atención; convertir los sucesos históricos en eventos ficcionales o hacer que predomine la “trama” ficcional sobre los hechos registrados por los historiadores como históricos: los eventos históricos que se narren o que sirvan de marco a la novela deben haber ocurrido no menos de cincuenta años antes de su escritura; no es importante si los detalles  o los hechos individuales son históricamente correctos o no, pero sí se debe conservar la esencia interna de los hechos históricos representados, aunque  se usen formas de expresión vigentes en la época de la escritura de la novela.

        Por otro lado, la postura de Juan Valdano frente a los hechos históricos recogidos en Mientras llega el día no evidencia una lectura distinta a la difundida  por la historiografía oficial. Ya sea entre líneas o explícitamente, la matanza del 2 de agosto aparece según el enfoque historiográfico tradicional con pocas distorciones. Aparte del papel que todos atribuyen a Eugenio Espejo en el fortalecimiento de la conciencia  independentista y que, como ya se dijo, está recogido en profundidad en la obra, se alude al espíritu emancipador que había caracterizado a los quiteños y a toda la población que actualmente constituye el Ecuador; se presentan los abusos y atropellos de los chapetones y el creciente interés de los criollos que reclaman su derecho a gobernarse por sí mismos; la incidencia de acontecimientos como la Revolución Francesa, entre  los más importantes.

        La figura de Espejo es nuclear en la novela de Valdano. Es una especie d alter-ego de Pedro Matias Ampudia porque prácticamente todos los rasgos que definen y caracterizan a este personaje son los que corresponden al mestizo llamado Eugenio Espejo…
 
        Si bien el médico y periodista quiteño constituye un refrente fundamental en la novela de Valdano, no es él el centro de la acción; se convierte en la sombra tutelar de Ampudia… Pocas son las modificaciones a la biogafía de Espejo que hace el autor de Mientras lega el día a través de Pedro Matías Ampudia. En rigor, este personaje es el continuador  de la labor de Espejo, es su eco. Espejo es un símbolo del que emana una  conciencia social: es el núcleo del que brotan y en el que convergen una serie de circunstancias que ilustran la problemática de su tiempo. En la novela, Espejo es el representante del mestizo ecuatoriano, ese ser atormentado que no goza de la aceptación abierta y decidida de los sectores pudientes por tener un origen humilde y sangre india en sus venas. Es el heredero del apellido Espejo que adoptó su padre al cambiar su originario apellido Chuzig; es el hombre ilustrado, inquieto investigador, precursor en materia política, cultural y periodística en la Audiencia de Quito; el médico y bibliotecario capaz de responder a la altura  de los conocimientos de los jesuitas  y de los avances de la cambiante  ciencia del siglo XVIII.

      Valdano ha querido novelar un acontecimiento social y político trascendental; Mientra llega el día se ocupa de un hecho de interés colectivo, relata la gesta del pueblo quiteño en un momento decisivo de la Historia. Sin embargo, el personaje Pedro Matías  Ampudia navega entre dos aguas, las del romanticismo y las del realismo. Comparte los rasgos del héroe de la novela romántica porque trasciende el mundo que lo rodea y alcanza una doble victoria que lo libera: ha descubierto los secretos sobre su ser y ha sembrado una semilla de libertad. Pero es, a su vez, el clásico prototipo de la novela realista porque él encarna al mestizo: en él se condensa la problemática social y la lucha política de su pueblo, es el símbolo de una búsqueda, el que representa a la masa oprimida.

        Desde una determinada concepción de la ficción histórica, se busca inventar lo anecdótico, la trama novelesca, mas no los hechos históricos en sí mismos. Valdano encuentra en el personaje de Ampudia una posibilidad mayor para la distorsión o invención de la anécdota, que en el personaje de Eugenio Espejo, porque no busca inventar o crear una desafiante versión acerca del insigne médico quíteño ni de la bullente atmósfera de la Audiencia de Quito a fines de la época colonial, sino que pretende, ante todo, una recreación verosímil de lo ocurrido  con la población quiteña; es decir, no ir más allá de lo que la historiografía ha planteado hasta ahora en torno a esa figura  y ese tiempo

La novela de Juan Valdano forma parte de la vasta y variada gama de novelas que ficcionalizan la Historia o que tienen como telón de fondo una época  o un acontecimiento histórico. Como parte del subgénero de la  “novela histórica” en las últimas  décadas del siglo XX, da cuenta  de ciertas modificaciones estéticas presentes en la narrativa de la segunda mitad del siglo XX, así como de las modificaciones en la concepción de la Historia  y de la historiografía. En tal sentido, Mientras llega el día se acerca de modo más exhaustivo al ámbito sociocultural de los diversos sectores o grupos que  conforman la sociedad quiteña de fines del siglo XVIII, toma en cuenta las voces y miradas de los grupos subalternos, los acontecimientos de la cotidianidad, la posible comprensión histórica de individuos anónimos, las debilidades y derrotas de las figuras  prominentes, entre otros aspectos.

En el Ecuador y en América Latina, la novela histórica contemporánea llena ciertos vacíos historiográficos por su papel crítico y transgresor, su intencionado cuestionamiento del poder. Mientras llega el día enaltece las primeras gestas libertarias en el territorio que hoy corresponde al Ecuador, pero, en lugar de centrar la problemática alrededor de los próceres criollos, propone que la verdadera alternativa de liberación no podía provenir de otro sector social que el de los mestizos, verdaderos exponentes del “ser nacional”, desde el punto de vista de Valdano, y por eso la figura de Espejo es emblemática en la novela.

Cabe comparar el cuestionamiento del poder presente en Mientras llega el día con la ironía y la crítica evidentes de Anillos de serpiente (1998), otra novela de Valdano que, si bien no resiste la denominación de “histórica” en estricto sentido, sí revela una preocupación por lo histórico. Está ambientada en el año de 1961. Reinan la agitación social y los discursos demagógicos del líder populista conocido como el Loco o el Profeta. El detective Heráclito Cardona, personaje principal, arriesga su vida para encontrar los responsables del supuesto asesinato de un diputado velasquista. El interés por lo policial y la denuncia política se impone sobre lo histórico, pues a pesar de que se desmonta la lógica del poder y se critican los vicios del velasquismo que han permanecido enquistados en la práctica política del Ecuador hasta el presente, predomina la labor detectivesca. Sin embargo, esta novela de Juan Valdano es un claro ejemplo de pertenencia a distintos subgéneros: el policial, el político, el histórico, el de intriga. 

En América Latina, el acercamiento de escritores y lectores al pasado está signado también por una necesidad de volver a los orígenes, de acudir a las fuentes para entenderse y entender la constitución de las identidades nacionles y en la identidad americana en general.
La Historia oficial había mantenido, y en alguna medida aún mantiene, la preocupación por canonizar y establecer una genealogía de próceres inmaculados, presentando versiones reductoras y maniqueas del pasado; se trataba de una Historia más preocupada por por consagrar que por conocer.

En las últimas décadas, la escritura de la Historia, sea en la novela o en un ensayo historiográfico, aparte de criticar o cuestionar, intenta comprender los procesos o las actuaciones de figuras representativas que contribuyeron a formar las sociedades  actuales. En Mientras llega el día se advierte el interés del autor por adentrarse en la problemática de la identidad, porque la representación y la invención de lo que ocurrió en épocas pasadas supone una aproximación a los rasgos que nos han caracterizado y nos han dado cierta identidad colectiva. Se percibe una preocupación por cuestionar, de alguna forma, el discurso historiográfico oficial y para ello ha optado por un narrador testimonial que cuente la Historia de manera crítica. Pedro Matías Ampudia es el vivo ejemplo del drama social de los mestizos perseguidos y silenciados por las poderosas instituciones coloniales. Juan Valdano retoma la idea de Icaza en El chulla Romero y Flores: el mestizo necesita reconciliar las voces ancestrales que  pugnan en su interior; la identidad de los ecuatorianos es necesariamente plural y debe asumir la diversidad étnico-social que caracteriza  a este país. La otra novela de Valdano, Anillos de serpiente, aunque no corresponda propiamente al género de la novela histórica, plantea el problema de la identidad a partir  de la ética social y pone al descubierto el engaño y la corrupción de las altas esferas gubernamentales y de las elites políticas.

La ficcionalización de la Historia permite a los escritores apropiarse de esa porción de la realidad que es el pasado nacional y regional. Por lo tanto el discurso de la novela histórica contemporánea se inserta en el mismo espacio en el que circulan otros discursos sociales y junto con ellos participa activamente en la construcción de la memoria histórica colectiva. Si la novela histórica del siglo XIX y principios del XX participó activamente en la configuración de la identidad de las nuevas  naciones americanas, desde una perspectiva acorde a la ideología política liberal y una visión positivista de la Historia, la reescritura de la Historia en la novelística contemporánea propone  construcciones de las historias nacionales contrarias al discurso monológico de la Historia tradicional.
Lo anterior supone que los discursos histórico y ficcional contemporáneos enfrentan el concepto de “nación” de manera distinta. La nación deja de ser una comunidad idealmente homogénea, con unidad lingüística, étnica, religiosa, etc. Lo nacional, desde una perspectiva dialógica, pasa a ser un concepto más abierto, que expresa la heterogeneidad cultural y social de una comunidad y que, por otro lado, no puede ignorar y acallar la divesidad de identidades que pueden formar parte de ella. En la novela de Juan Valdano se advierte el interés del escritor por luchar contra la desmemoria y la incapacidad para asumir la identidad social que nos corresponde.

El discurso en Mientras llega el día parecería buscar una revisión crítica de un “mito nacional” y consolidar la identidad nacional interpretando la Historia. Subyace una pregunta sobre por qué somos como somos y se atribuye el origen de la fragmentación y desarticulación actuales a falta de asunción de una identidad mestiza, y a la corrupción que envuelve tanto a los representantes de las cúpulas poderosas como a los representantes de los sectores subalternos.

Este nuevo enfoque refleja, en cierto modo, según lo sostiene Carlos Pacheco, una “estética metonímica”, pues lo visto “desde abajo” o a partir de la “intrahistoria” descubre otras percepciones y construcciones de la Historia  en las que no hay afán totalizador, sino precisamente un propósito concreto, limitado, particular, propio de una conciencia histórica ligada más bien a la cotidianidad.

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(1)        White Hayden, Metahystory; The Histical Imagination in Nineteenth-century Europe. Baltimore: Johns Hopkins University Press. 1973.

(2)        Franco, Jean, Historia de la literatura hispanoamericana. Barcelona, Ariel, 1987. P 103.

(3)        Valdano, Juan, Mientrs llega el día. Quito, editorial Grijalbo, 1990, p. 13.

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·         Framento del ensayo publicado en LETRAS DEL ECUADOR, No. 187 Casa de la Cltura Ecuatoriana, Quito, marzo, 2005.